domingo, 1 de noviembre de 2009

Propuesta de atrasar la escolaridad obligatoria a los 18 años

La noticia es ésta: El actual ministro de Educación de nuestro país, Ángel Gabilondo, propone atrasar la escolaridad obligatoria hasta los 18 años. Bien pensemos detenidamente y analicemos un momento cómo es la situación actual de la Educación Secundaria Obligatoria en los colegios e institutos públicos de España, que siguen siendo mayoría y cuáles podrían ser las consecuencias de esta aparentemente atractiva propuesta: conseguir que todos los españoles recibieran educación hasta los 18 años y que el nivel educativo de nuestro país subiera.
En primer lugar habría que decir que nunca hasta ahora habíamos tenido en teoría una mejor educación en nuestro país: ha aumentado el nivel general educativo por la generalización de la escolaridad obligatoria a los 16 años y nunca antes había mayor número de universitarios, la mayoría mujeres. Pero esto puede enmascarar otras realidades no menos ciertas y en gran medida dolorosas que debemos reconocer: en casi todos los parámetros y materias el nivel general de nuestros alumnos de la Educación Secundaria Obligatoria no es equiparable al de los países de nuestro entorno europeo, incluso nuestro nivel está por debajo de países menos ricos e industrialmente menos avanzados que el nuestro como la República Checa, Grecia o Portugal, con todo el respeto hacia esos países. Además es difícil hacerse una idea del bajo nivel de motivación de nuestros alumnos/as en la escuela pública actual quitando honrosas excepciones. Yo llevo trabajando unos cuatro años en ella y casi siempre en pueblos del interior de Andalucía (Almería, Jaén y Córdoba) y siempre he encuentrado alumnos motivados para el estudio y que sacan buenas notas pero son la excepción, uno se enfrenta sobre todo a alumnos que atienden poco en clase y se interesan menos por trabajar a diario, van al día, no saben leer y escribir en condiciones, no hacen las tareas que se les mandan, no paran de charlar y distraerse en clase y tienen muy claro que no quieren estudiar, es muy descorazonador para alguien que trabaja por primera vez en un instituto darse cuenta que tienes un "público" en clase nada receptivo a lo que tú les puedas decir y enseñar, se relacionan con los profesores como si fueran sus enemigos y a veces te expresan muy claramente que tú no sabes tanto, por supuesto tuteándote como si fueras su igual, que están allí por obligación y que están perdiendo el tiempo escuchándote, su interés está en entrenerse relacionándose con el resto de sus compañeros y en fastidiarte las clases, se enfrentan al día a día como si escuchar al profesor durante casi una hora fuera la cosa más agotadora del mundo. Su único interés es calcular cuantos segundos quedan para que suene el timbre del recreo o de la última hora o contar los días que le quedan para cumplir los 16 años, un alumno de estos puede estar en 2º de la ESO y tener a compañeros mucho más pequeños que ellos. Las clases se dividen entre las que el número de alumnos desmotivados, molestos y poco trabajadores son casi absoluta mayoría, son la mitad o son minoría, en este último caso, poco frecuente, los alumnos molestos ("disruptivos" en la terminología pedagógica actual) son más ruidosos y puñeteros puesto que quieren llamar más la atención. Los padres y madres de estos alumnos molestos son poco cooperativos con el centro y nos ven a los docentes como personas molestas que se meten en la vida de sus hijos, que en su casa, son unos santos y no dan un problema. Frente a este panorama que se da en alumnos de 12 a 16 años, imagínense si tuvieran 17 o 18. La variedad de alumnos ("diversidad" en términos pedagógicos técnicos) que hay hoy día en una clase de un instituto "normal" de cualquier pueblo o ciudad es mucho más compleja de lo que aparenta: hay alumnos nacionales y extranjeros, y entre éstos los que conocen mejor o peor nuestro idioma (eso se complica en las comunidades con lengua propia), la edad es variable: los hay que están en su curso, los que han repetido una o dos veces, los hay más o menos molestos, los hay con o sin discapacidad, los que faltan habitualmente y el día que vuelven a clase vienen dispuestos a fastidiar al docente, y así un largo etcétera. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión ayuda poco, porque educa pero mal: hay series o películas de gran audiencia juvenil ("Sin tetas no hay paraíso", "Rebelde", culebrones, etc.), en las que aparece sexo y violencia gratuita, o incluso como en "Física y Química", en la que su trama transcurre en institutos en los que algunos profesores practican el sexo más o menos abiertamente con alguno de sus alumnos con perfecta naturalidad y son sus amigos mientras les enseñan lo bonitas que son las cosas, todo ello mezclado con noticias de agresiones impunes de alumnos hacia otros compañeros o hacia sus profesores, como si eso ocurriera todos los días y dando la idea de que todos nuestros jóvenes se drogan, beben alcohol, son violentos y malos estudiantes, con lo cual es un referente y un ejemplo excelente hacia los menores.
Como en cualquier profesión hay excepciones, pero considero que los maestros y profesores solemos estar bien formados y preparados, nos gusta nuestro trabajo y por lo tanto, nuestro grado de motivación suele ser alto, pero a veces nos encontramos algo desamparados porque no se valora mucho nuestro trabajo, problemas como los que acabo de citar han existido siempre pero la diferencia fundamental que existe en la actualidad con respecto al pasado, la resume la frase que viene a continuación y que oí decir una vez a una veterana y excelente compañera de trabajo: "Antes los alumnos y familias que no sabían, querían saber y acudían a la escuela para saber, además solían ser muy educadas y estar muy motivadas, desgraciadamente y sin generalizar hoy día predominan los alumnos analfabetos que no quieren saber y encima son molestos y maleducados con sus compañeros y maestros, además suelen estar malcriados y estar consetidos por sus familias, a las que casi esclavizan".
Un ejemplo vivido en primera persona: antes cuando uno llamaba a casa por telefóno desde el colegio para que lo recogiera alguien de la familia era realmente por una emergencia, enfermedad, accidente o similar, hoy día se deja que venga una madre a llevarle el bocadillo o la libreta olvidada y lo peor es que los profesores no podemos negarnos siempre a que esto ocurra, porque se nos llama la atención, aunque el que suscribe lo dejó de hacer hace ya mucho tiempo. Vivimos una época difícil en la educación de nuestro país: hay que enseñar pero también educar a muchos alumnos porque en su casa no lo hacen (cosas básicas como estar sentado, no pegar voces mientras se habla y hacerlo correctamente, respetar el turno de palabra, no levantarse sin pedir permiso, no tener un chicle en la boca mientras se habla...), los políticos no se interesan realmente por la educación, a veces hacen demasiado caso a los padres y no a los profesores, no tienen altura de miras, generan débates espúreos y sin sentido y sobre todo no hacen sino cambiar y cambiar la legislación desde hace casi veinte años tanto a nivel nacional como autonómico (por transferencias de las competencias educativas) con poco criterio logrando un marasmo y contradicción permanente (un alumno puede pasar de curso con todas las asignaturas sólo por tener una edad determinada, que la nota mínima sea en vez del "0" tradicional un "1", ahora la edad de escolaridad obligatoria, etc.), la idea que a veces tiene la sociedad de nosotros los docentes es que debemos resolver todos los problemas de la sociedad como la falta de valores, los accidentes de tráfico, la violencia de género, la marginalidad, delincuencia y las drogas, etc, y sin embargo en la misma medida se piensa que sólo pensamos en tener vacaciones y en subir nuestros sueldos. En Andalucía que se habla mucho de la "Calidad de la Educación", tenemos problemas añadidos: me encuentro entre los "profesores interinos" que somos aquellos que tenemos contratos en precario como en la mayoría de las empresas y podemos ser trasladados o ir a la calle en cualquier momento), además somos un colectivo desunido y hay muchos sindicatos que también lo están. Pero hay margen para la esperanza: nunca ha sido fácil educar y nunca lo será. Estos mismos problemas de alumnos maleducados y desmotivados son citados por Sócrates hablando de la juventud ateniense en el s. V a.C. y de ahí salieron gente como Platón, Aristóteles o posteriormente Alejandro Magno y la democracia ateniense o el helenismo griego aún hoy son un referente para nuestra sociedad actual 2500 años después, por lo que el tópico de que los jóvenes son maleducados y están poco formados no es nada nuevo.
El ministro, antiguo rector de Universidad, y persona para mí hasta ahora muy razonable y equilibrada, no ha valorado suficientemente las consecuencias de la medida que propone: un incremento galopante en nuestras escuelas del número de alumnos desmotivados y obligados a estar en los pupitres, y el aumento de la conflictividad escolar y de los problemas de convivencia, que casi siempre empiezan por algo tan simple como es la desvergüenza y el aburrimiento de muchos de nuestros alumnos. Si al menos se ponen medios para buscar alternativas realistas y se saca de clase a los alumnos que no quieren aprender para que no molesten a sus compañeros y aprendan un oficio, yo seré el primero en apoyar esta medida.
Por último citar el título de un gran libro sobre la educación de Victoria Camps, educadora y filósofa eminente: "Creer en la educación". De nada sirve la educación sin el apoyo, respeto y valoración de la sociedad en general y los padres y políticos en particular hacia el trabajo de los docentes y un equilibrio en nuestro trabajo entre autoridad moral, valoración por el trabajo bien hecho y la justicia a la hora de poner notas en función del esfuerzo realizado por nuestros alumnos, que son, en definitiva, el futuro.

3 comentarios:

Adelaida Ortega Ruiz dijo...

He leído tu entrada y la suscribo de cabo a rabo.
Cuando oí en el Telediario lo de prolongar la educación obligatoria hasta los 18, lo primero que le comenté a mi marido fue que yo no estaba de acuerdo, pues ya hay demasiados chicos desmotivados y ansiosos por poder terminar sus estudios de ESO, y mientras esperan obligados, se entretienen reventando las clases de los que sí están motivados.

Yo tengo una hija de 18 que acaba de empezar ingeniería informática en la Complutense de Madrid. Ella estuvo en el Instituto Cumbres Altas de Nueva Carteya hasta que terminó la ESO, y después se marchó a Córdoba a cursar el bachillerato. Recuerdo que tras los primeros días de clase le pregunté qué tal le iba y me contestó: "Las clases estupendas, porque la criba del bachillerato funciona".
Le pedí que me aclarase lo de "la criba" y me dijo que durante la ESO había soportado a un número enorme de compañeros que no querían estudiar, viéndose por ello inmersa en un ambiente nada propicio para el trabajo. Sin embargo, ahora que estaba en bachillerato, sus compañeros eran estudiantes con miras de futuro. Los que iban obligados quedaron atrás y los que accedían a estos estudios superiores era porque de verdad querían estudiar. Esto se notaba en la atención al profesor, en el respeto entre compañeros e incluso en el ambiente general de la clase.

Si prolongan la obligatoriedad de acudir a clase hasta las mismas puertas de la universidad, estarán perjudicando a los que de verdad quieren estudiar, y los que no quieren no ganarán otra cosa que ir a regañadientes a pasar "un mal rato", no aprenderán nada porque ellos mismos no están interesados, y por supuesto crearán ese mal ambiente que perjudica a profesores y a compañeros estudiantes.

Tal vez el gobierno intente con esto retrasar el ingreso de estos jóvenes en las listas del paro.

De cualquier modo y según mi opinión, ésta es una nueva "parida progre" del Ministerio de Educación, como la Educación obligatoria para la ciudadanía y como la LOGSE misma desde su nacimiento.

¿Acabarán ya estos socialistas de empeorar la educación española o todavía nos quedan cosas que ver?

La sonrisa de Hiperión dijo...

Eso no es una edad un poco tarde para empezar a darle clase a los niños? jajajajaj

Saludos!

Óscar dijo...

Interesante tu reflexión, Adelaida, la educación en nuestro país debería de estar consensuada entre los partidos como la política antiterrorista u otros grandes asuntos, de modo que aunque cambiara el gobierno, que siempre cambia antes o después, esto no afectara a la política educativa, más si cabe con la complejidad añadida de nuestro sistema autonómico. Se agradece tu comentario. Un saludo.

P.D. Por cierto, soy interino pero me encantaría seguir por muchos años en el instituto de Nueva Carteya.