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jueves, 17 de julio de 2008

Eterno adolescente

A veces uno se siente un eterno adolescente. He retomado la lectura de un libro que no terminé: "Ferdydurke" del polaco-argentino Witold Gombrowicz, una historia y un escritor de lo más curiosos y con un fino toque de sentido del humor. Aquí dejo un extracto:

Atravesé hace poco el Rubicón de la ineludible treintena, crucé la frontera, según mis documentos, y mi apariencia semejaba la de un hombre maduro y, sin embargo, no estaba maduro. ¿Qué era entonces? ¿Cómo se presentaba mi situación? Vagaba por las confiterías y los bares, me encontraba con otras personas, cambiando palabras y a veces hasta pensamientos..., pero mi situación era poco clara, y yo mismo no sabía qué era: hombre o adolescente; y así, al comenzar la segunda mitad de mi vida, no era ni esto ni aquello -era nada-, y los de mi generación, que ya se habían casado y ocupaban puestos en diversas oficinas, me trataban con una justificada desconfianza. Mis tías, esas numerosas semimadres agregadas, atadas o pegadas, pero bondadosas, ya desde tiempo atrás trataban de influir en mí para que me estabilizara como alguien, digamos como abogado o empleado -mi indefinición prolongada les resultaba sumamente molesta-; no sabiendo bien quién era, no sabían cómo hablar conmingo y, en el mejor de los casos, sólo emitían una triste cháchara. "Pepe -decían entre un balbuceo y otro-, el tiempo apremia, hijo mío, ¿qué pensará la gente? Si no quieres ser médico, sé por lo menos mujeriego o coleccionista, pero sé alguien..., sé alguien..." Y yo escuchaba cuando una murmuraba al oído de la otra que yo estaba poco pulido social y mundanalmente, después de lo cual empezaban a balbucir de nuevo, desesperadas por el vacío que yo provocaba en sus cabezas. En verdad aquel estado no podía prolongarse indefinidamente. Las agujas del reloj de la naturaleza eran implacables y terminantes. Cuando las últimas muelas, las del juicio, me hubieron crecido, fue necesario creer: el desarrollo se había cumplido, había llegado el momento del asesinato ineludible, el hombre debía matar al mozalbete, elevarse en los aires como mariposa, dejando el cadáver de la crisálida. Debía, pues, entrar en círculos de adultos.

Esta entrada se la dedico a Cecylin.

lunes, 10 de marzo de 2008

Tranquilidad: Resaca electoral


Imagen de un buen sitio para visitar: La Sierra de Castril, en Granada.

Un buen verso que leer:

"... He aprendido a callarme cuando me quedo solo."

De Hombre sin opiniones, de Luis García Montero.


Una buena canción que disfrutar, Nebraska de Bruce Springsteen del disco homónimo de 1982:




Por último, una buena película para ver, No es país para viejos de los hermanos Cohen.

lunes, 25 de febrero de 2008

Fe de vida

Nadie sabrá las veces, las mil veces,
después de la tristeza o de la humillación,
que envidié la sonrisa cínica de los cínicos,
esa distancia fría de sus labios
ante la realidad. Son como estatuas
sobre el declive amargo del otoño,
y en las seguridades de la piedra
no conciben el riesgo de la fe,
la luz que se hace vida, pero luego
puede sentir la mordedura,
el veneno amarillo
de la vejez, la quiebra y el ridículo.

No conciben heridas. Será porque recuerdan
la pureza metálica del justo
que agita su sermón
más allá de las dudas y de las decisiones,
clamando contra el filo de los sueños,
contra la incertidumbre,
sin asumir ninguna
responsabilidad en la quietud,
con su orden de muerte y de injusticia.

Al caminar un día
sobre los arrabales de la Historia,
mientras la luz deshecha buscaba solidez
en el cemento y en los vertederos,
sentí -igual que se perciben
las inquietudes y los atardeceres-
que la verdad abstracta
es la legitimación de la mentira.
Y no pude salvarme, ni ser puro,
ni sonreír con labios de distancia.
No me quedé en los márgenes,
ni en las mesas de camilla,
ni en la capa del noble, ni en la canción de infierno.

Pero la luz se enfría débil sobre los campos
y quien regresa siente las manchas de la tarde.

Nadie sabrá jamás
las veces, las mil veces,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
la pureza metálica del justo,
después de los regresos y de la humillación,
al sentirme manchado por la luz
y al conservar en la memoria,
en la izquierda vacía de mi cama,
como la sombra hiriente del cuerpo que se ha ido,
la memoria dudosa y palpitante
de algún amanecer.

Porque tal vez la vida
sólo nos quiere dar
aquello que después sabe quitarnos.






Del libro "La intimidad de la serpiente" de Luis García Montero. Tusquets, 2003.


jueves, 22 de noviembre de 2007

Muere Fernando Fernán Gómez

Hace unos días, creo que fue el lunes por la noche, aburrido de la programación televisiva, me puse una peli en vídeo, "Todo sobre mi madre", que no veía casi desde su estreno, Fernando Fernán Gómez aparecía brevemente como un padre demente pero tranquilo. El martes o miércoles por la mañana mientras escuchaba la radio oí que había sido ingresado en un hospital madrileño y me preocupé un poco, por su avanzada edad y por la posibilidad de su desaparación física, que hoy se ha confirmado. A pesar de su aparencia de huraño y cascarrabias, fue un actor y director presente en cientos de películas propias o ajenas, un rostro conocido para varias generaciones de espectadores e imprescindible dentro del panorama del cine español, cosa que no todo el mundo puede decir (¿qué habría sido del cine español de los últimos cuarenta años sin la talla, la voz grave y el rostro narigudo y pelirrojo de Fernán Gómez?). De todos sus trabajos (que es casi imposible visionar en su totalidad por su elevado número, más de 200 como actor y 30 como director, salvo que uno se dedique en exclusividad a ello) a mí me gustan sobre todo "Vida en sombras", "El rey pasmado", "El espíritu de la colmena", "Ana y los lobos" o de las últimas la de Almodóvar que he citado o "En la ciudad sin límites", por sólo citar unas pocas y de entre las que dirigió, las casi olvidadas "Mi hija Hildegart" (un análisis del comportamiento humano, de la educación maternal llevada al extremo y del pensamiento feminista español) o "El extraño viaje" (la vida en la España profunda a través de un extraño suceso), o la más conocida "El viaje a ninguna parte", que habla de la vida errante de los cómicos como nadie hasta entonces lo había hecho. Ha sido un todoterreno, un verdadero profesional dedicado plenamente a su gran pasión y que transmitía en todos sus trabajos destacando como buen actor incluso en películas de calidad no demasiado buena: un verdadero corredor de fondo. Todo mi respeto para él, en este "extraño viaje que a lo mejor no le lleva a ninguna parte".