viernes, 29 de febrero de 2008
Parejas imposibles: Bambino vs. Amy Winehouse
Dos monstruos de la canción y de la música, de gran personalidad y únicos en su género: el primero hombre, gitano, rumbero y homosexual, hoy casi olvidado, la segunda, mujer, blanca con alma negra, británica, polémica, "comehombres", buscada por la ley y hoy en la cumbre de su fama. Ambos grandes juerguistas y grandes cantantes.
P. D. Véase el contraste y el paso de los años en la manera de interpretar música en la televisión. Por cierto, insoportable el David Letterman.
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música
lunes, 25 de febrero de 2008
Lo que se desea, lo que molesta y lo que gusta
Hoy apenas hablaré de la obra escultórica de la imagen: el David de Miguel Ángel, en la Academia de Florencia, uno de los cúlmenes del Renacimiento y de la escultura y el arte universal (o al menos de nuestra cultura occidental). Más bien me sirve de excusa para hablar de lo que se desea, incluso o más bien porque es difícil de obtener o no se llega nunca a alcanzar. Me explico: quiero viajar a Italia, entre otras muchas cosas para ver esta obra. Lo que no sé es cuando, es más bien un deseo, deseo viajar a Italia, sólo o acompañado, visitar Roma, Florencia, Venecia, Nápoles, sin prisas incluso sin itinerario fijo. Sé que no es difícil: sólo tengo que reservar un vuelo y hoteles, encontrar unos días o semanas y está listo, pero quiero ganarmelo como un premio. Estamos demasiado acostumbrados a conseguir lo que queremos, sobre todo los adolescentes, pero también los adultos, apenas nos cuesta conseguir lo que deseamos.
Y eso me lleva a otra cuestión: los adultos no estamos "infantilizando", creemos ser más jóvenes de lo que somos, nos damos "caprichitos" casi a diario, pero cada vez apreciamos menos las cosas, compramos no valoramos, esfuerzo, dedicación y paciencia parecen haber salido de nuestro vocabulario y nuestras cabezas. Uno quiere ir al cine o ver la tele y predomina lo banal, lo vacío e insustancial. He llegado a pagar para ver una película con gráficos de consola de video-juego ("Beowulf") cuando yo quería ver un film épico y encima rodeado de borregos malcriados y viejecitos flatulentos en una sala no muy llena, es decir una absoluta tomadura de pelo.
Se pierde el nivel de las conversaciones: es triste comprobar que poca gente incluso adultos de los que presupones un cierto nivel cultural tiene una conversación agradable o interesante, que se salga de lo rutinario, de la pseudopolítica partidista, de batallas dialécticas insulsas, de series estadounidenses que nada tienen que ver con nosotros (o al menos conmigo, que si "Perdidos", que si "House", que si "Mujeres desesperadas"), o españolas tan aburridas como "Cuéntame" o "Física y Química" que por los anuncios vomitivos y de mal gusto parece una especie de "Lolita" al revés en un instituto con una profe cachonda con sus jóvenes alumnos. Por no hablar del maldito fútbol (por cierto, en los tiempos que corren es prácticamente imposible tomar un café o té un domingo por la tarde sin estar rodeado de tarugos bramando con el volúmen del televisor a toda potencia) o del arrabalerismo llamado "del corazón", casi nadie es capaz de decir palabras tan poco difíciles de memorizar como "increíble", "asombroso" o "inaudito" en vez de repetir sin cesar "¡qué fuerte!" u otras lindeces como "de que" o "tema" cuando no viene a cuento o esté mal empleado. El vocabulario, las ideas y las conversaciones se empobrecen demasiado, da la sensación de balbucear más que charlar o conversar. No me considero ni creo que soy ni un elitista ni un clasista, ni un intelectual, ni mucho menos un soberbio que se crea superior a nadie pero tampoco un botarate atontado, la estulticia, el mal gusto y las malas formas no me gustan, las soporto, mal que bien.
Lo veo a diario: en el trabajo, en la calle, en los bares y cafeterías, conduciendo. Desgraciadamente se salvan pocas personas en los pueblos y ciudades. Por favor, señores/as: Hay que leer, escuchar música, viajar, conversar, pensar, reflexionar, conocer gente más allá de tu círculo más cercano, aparte de cagar, mear, follar, comer o beber, que por cierto son verbos y acciones tan útiles como las que propongo. ¿Y qué tiene que ver esto con Miguel Ángel, el "David" y mi viaje a Italia? Pues no sé, pero aquí lo he soltado...
P.D. Estoy escuchando la sublime y delicada "Street Hassle" del nada elitista y bastante oscuro Lou Reed.
Y eso me lleva a otra cuestión: los adultos no estamos "infantilizando", creemos ser más jóvenes de lo que somos, nos damos "caprichitos" casi a diario, pero cada vez apreciamos menos las cosas, compramos no valoramos, esfuerzo, dedicación y paciencia parecen haber salido de nuestro vocabulario y nuestras cabezas. Uno quiere ir al cine o ver la tele y predomina lo banal, lo vacío e insustancial. He llegado a pagar para ver una película con gráficos de consola de video-juego ("Beowulf") cuando yo quería ver un film épico y encima rodeado de borregos malcriados y viejecitos flatulentos en una sala no muy llena, es decir una absoluta tomadura de pelo.
Se pierde el nivel de las conversaciones: es triste comprobar que poca gente incluso adultos de los que presupones un cierto nivel cultural tiene una conversación agradable o interesante, que se salga de lo rutinario, de la pseudopolítica partidista, de batallas dialécticas insulsas, de series estadounidenses que nada tienen que ver con nosotros (o al menos conmigo, que si "Perdidos", que si "House", que si "Mujeres desesperadas"), o españolas tan aburridas como "Cuéntame" o "Física y Química" que por los anuncios vomitivos y de mal gusto parece una especie de "Lolita" al revés en un instituto con una profe cachonda con sus jóvenes alumnos. Por no hablar del maldito fútbol (por cierto, en los tiempos que corren es prácticamente imposible tomar un café o té un domingo por la tarde sin estar rodeado de tarugos bramando con el volúmen del televisor a toda potencia) o del arrabalerismo llamado "del corazón", casi nadie es capaz de decir palabras tan poco difíciles de memorizar como "increíble", "asombroso" o "inaudito" en vez de repetir sin cesar "¡qué fuerte!" u otras lindeces como "de que" o "tema" cuando no viene a cuento o esté mal empleado. El vocabulario, las ideas y las conversaciones se empobrecen demasiado, da la sensación de balbucear más que charlar o conversar. No me considero ni creo que soy ni un elitista ni un clasista, ni un intelectual, ni mucho menos un soberbio que se crea superior a nadie pero tampoco un botarate atontado, la estulticia, el mal gusto y las malas formas no me gustan, las soporto, mal que bien.
Lo veo a diario: en el trabajo, en la calle, en los bares y cafeterías, conduciendo. Desgraciadamente se salvan pocas personas en los pueblos y ciudades. Por favor, señores/as: Hay que leer, escuchar música, viajar, conversar, pensar, reflexionar, conocer gente más allá de tu círculo más cercano, aparte de cagar, mear, follar, comer o beber, que por cierto son verbos y acciones tan útiles como las que propongo. ¿Y qué tiene que ver esto con Miguel Ángel, el "David" y mi viaje a Italia? Pues no sé, pero aquí lo he soltado...
P.D. Estoy escuchando la sublime y delicada "Street Hassle" del nada elitista y bastante oscuro Lou Reed.
Fe de vida
Nadie sabrá las veces, las mil veces,
después de la tristeza o de la humillación,
que envidié la sonrisa cínica de los cínicos,
esa distancia fría de sus labios
ante la realidad. Son como estatuas
sobre el declive amargo del otoño,
y en las seguridades de la piedra
no conciben el riesgo de la fe,
la luz que se hace vida, pero luego
puede sentir la mordedura,
el veneno amarillo
de la vejez, la quiebra y el ridículo.
No conciben heridas. Será porque recuerdan
la pureza metálica del justo
que agita su sermón
más allá de las dudas y de las decisiones,
clamando contra el filo de los sueños,
contra la incertidumbre,
sin asumir ninguna
responsabilidad en la quietud,
con su orden de muerte y de injusticia.
Al caminar un día
sobre los arrabales de la Historia,
mientras la luz deshecha buscaba solidez
en el cemento y en los vertederos,
sentí -igual que se perciben
las inquietudes y los atardeceres-
que la verdad abstracta
es la legitimación de la mentira.
Y no pude salvarme, ni ser puro,
ni sonreír con labios de distancia.
No me quedé en los márgenes,
ni en las mesas de camilla,
ni en la capa del noble, ni en la canción de infierno.
Pero la luz se enfría débil sobre los campos
y quien regresa siente las manchas de la tarde.
Nadie sabrá jamás
las veces, las mil veces,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
la pureza metálica del justo,
después de los regresos y de la humillación,
al sentirme manchado por la luz
y al conservar en la memoria,
en la izquierda vacía de mi cama,
como la sombra hiriente del cuerpo que se ha ido,
la memoria dudosa y palpitante
de algún amanecer.
Porque tal vez la vida
sólo nos quiere dar
aquello que después sabe quitarnos.
Del libro "La intimidad de la serpiente" de Luis García Montero. Tusquets, 2003.
después de la tristeza o de la humillación,
que envidié la sonrisa cínica de los cínicos,
esa distancia fría de sus labios
ante la realidad. Son como estatuas
sobre el declive amargo del otoño,
y en las seguridades de la piedra
no conciben el riesgo de la fe,
la luz que se hace vida, pero luego
puede sentir la mordedura,
el veneno amarillo
de la vejez, la quiebra y el ridículo.
No conciben heridas. Será porque recuerdan
la pureza metálica del justo
que agita su sermón
más allá de las dudas y de las decisiones,
clamando contra el filo de los sueños,
contra la incertidumbre,
sin asumir ninguna
responsabilidad en la quietud,
con su orden de muerte y de injusticia.
Al caminar un día
sobre los arrabales de la Historia,
mientras la luz deshecha buscaba solidez
en el cemento y en los vertederos,
sentí -igual que se perciben
las inquietudes y los atardeceres-
que la verdad abstracta
es la legitimación de la mentira.
Y no pude salvarme, ni ser puro,
ni sonreír con labios de distancia.
No me quedé en los márgenes,
ni en las mesas de camilla,
ni en la capa del noble, ni en la canción de infierno.
Pero la luz se enfría débil sobre los campos
y quien regresa siente las manchas de la tarde.
Nadie sabrá jamás
las veces, las mil veces,
que envidié la sonrisa de los cínicos,
la pureza metálica del justo,
después de los regresos y de la humillación,
al sentirme manchado por la luz
y al conservar en la memoria,
en la izquierda vacía de mi cama,
como la sombra hiriente del cuerpo que se ha ido,
la memoria dudosa y palpitante
de algún amanecer.
Porque tal vez la vida
sólo nos quiere dar
aquello que después sabe quitarnos.
Del libro "La intimidad de la serpiente" de Luis García Montero. Tusquets, 2003.
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literatura
sábado, 23 de febrero de 2008
Concierto de Richard Hawley en Málaga
Este domingo único concierto en España de uno de mis cantantes preferidos, el británico Richard Hawley, una exquisitez para los oídos y un lujo para los sentidos, elegancia y buen gusto en estado puro, un clásico fuera del tiempo y de lugar. Espero disfrutar en el teatro Cervantes para romper la banal rutina diaria. El vídeo corresponde a la canción "The Ocean" de su anterior disco "Cole´s corner", una romántica canción para escuchar con tu pareja un atardecer de primavera o verano frente al mar en una playa solitaria...
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música
jueves, 21 de febrero de 2008
Quiero ir a Italia
jueves, 14 de febrero de 2008
Nostalgia de la ciudad
Si en mi anterior entrada hacía casi una apología de lo rural, empiezo a tener nostalgia de lo urbano.
Stevie Wonder: Living for the City
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fotografía,
música
viernes, 1 de febrero de 2008
Disfrutar de las pequeñas cosas
La imagen corresponde a una excursión por la Sierra del Pozo en la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas.
Cuando uno viene de una ciudad mediana como Córdoba y de pronto se vé viviendo en un pueblo pequeño (menos de 3000 habitantes), como llevo yo los dos últimos años en la provincia de Jaén aunque en distintos lugares, Pegalajar y Pozo Alcón, hay que cargarse de paciencia, adaptarse a otros horarios, a otros tiempos más pausados, olvidarse de la rapidez y del estrés diario del tráfico y las prisas, pero también del anonimato. Hay que acostumbrarse a que te pare por la calle alguien que tú crees desconocido y que resulta ser la madre de una alumna, un vecino de calle o simplemente un curioso anciano ocioso que quiere saber quien a llegado nuevo al pueblo, te sientes observado, a veces hasta corrillos se forman a tu paso, pero eso pasa pronto y a los pocos meses te sientes uno más de ese pueblo y de sus gentes, algo que se agradece. Aprendes a escuchar más a la gente y hablar de pequeños detalles o charlas intrascendentes por los que vas conociendo a la gente y la gente te va conociendo a tí. Tienes la suerte de poder pasear por la cercana naturaleza en tu tiempo libre, las cortas tardes de invierno o los fines de semana cuando hace un día claro o soleado, pero también sientes más los cambios de estación, de temperatura, las lluvias y las nieves, pero también la llegada de la primavera y del verano, algo mucho más difícil y "artificial" en las ciudades. Así además vas conociendo lugares antes desconocidos, en mi caso Sierra Mágina y la parte sur de las Sierras de Cazorla, Segura y las Villas, la zona menos explotada turísticamente. Haces escapadas turísticas a pueblos que son pura y auténticas joyas de arquitectura popular como Cambil o Jimena en Sierra Mágina o Castril, pueblo del que ya he hablado por aquí y he puesto fotos, situado en la Sierra homónima y muy cerca de la de Cazorla por su vertiente meridional, cerca ya de la provincia de Granada, rodeados de una naturaleza exhuberante. En fin, pequeños paraísos a descubrir, no por menos conocidos más bonitos e interesantes tanto por sus gentes, como por su naturaleza o arquitectura popular. Sin estas visitas a estos pequeños paraísos terrenales (Castril y Cambil, sobre todo) la vida sería menos interesante e intensa, quitando otros pequeños o grandes placeres como la gastronomía, el arte, la literatura, la música y el amor o el sexo, en su defecto, cuando llega, claro...
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naturaleza
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